Claves para manejar las conductas disruptivas en el aula
En
la actualidad uno de los principales problemas dentro de nuestras aulas son los
problemas de conducta en niños y adolescentes. Cuando hablamos de conductas
disruptivas nos referimos a las conductas inapropiadas que perjudican el buen
funcionamiento del aula, referidas a las tareas, relaciones con los compañeros,
al cumplimiento de las normas de clase o a la falta de respeto al profesor.
Niños que no
dejan hablar, ofenden a los demás, tienen comportamientos agresivos o
desmesurados, pierden el control con facilidad, muestran y verbalizan
una actitud negativa frente al trabajo, negando cooperación y llamando
la atención…
Estas conductas
son un desajuste en el desarrollo evolutivo del niño ya que impiden crear y
mantener relaciones sociales saludables con sus iguales y con los adultos.
Debemos tener presente que detrás de una conducta inapropiada suele haber
factores psicológicos que la desencadenan: sentimientos de abandono,
frustración, baja autoestima, falta de establecimiento de normas en el núcleo
familiar… Estas respuestas son tácticas adquiridas o aprendidas para provocar
al adulto y llamar la atención.
El
comportamiento disruptivo es común en la infancia, pero en algunos casos,
debido a su frecuencia y persistencia en el
tiempo se convierte en un problema. Generalmente, estas conductas se producen
tanto en el hogar, como en la escuela.
Para poder establecer unas pautas de actuación ante las
conductas sería bueno que el profesorado realice un registro
de las conductas. Este nos dará muchas pistas sobre cómo podemos ayudar en el
problema.
Registro
colegio:
Dia , Clase ,Profesor , Descripción conducta, quien la ha desencadenado la situación, que se hace consecuencias.
No existen
formulas “mágicas” y en muchas ocasiones lo que vale y funciona muy bien para
unos, no genera tanta repercusión en otros. Sin embargo, como profesionales de
la educación sí podemos seguir una serie de pautas
que ayudarán a relajar el ambiente y reducir los episodios de estas conductas:
- Autocontrol de adulto:
Entender que las conductas intentan provocar enfado en los demás, por
tanto, no dejarnos manipular, no entres en discusiones, mantén la calma y
no levantes el tono de voz. Trata de hablar suave, no demasiado cerca y
nunca reteniendo o agarrando. Si no subes el tono de voz, fomentará que el
alumno no haga. Podemos ser contundentes sin sonar de forma agresiva. Es
recomendable que el niño perciba seguridad en el adulto
que le impone las medidas correctoras con un tono firme pero no
amenazante.
- Aplicar un
manual de convivencia entre todos los alumnos, que quede
visible a la vista de todos (carteles, murales…), donde queden bien
establecidas unas normas claras y explícitas de conducta. Es necesario que
los alumnos intervengan en este proceso, ya que de este modo lo verán como
objetivos a alcanzar y no cómo normas impuestas. Dejar claro las
consecuencias antes de aplicarlas
- Fomentar la reflexión
grupal, plantear soluciones a distintas dinámicas del aula, es un modo
de enseñar a los alumnos a que solucionen sus problemas.
- Evitar que
capte y se lleve toda nuestra atención ya que sino
estas conductas aumentarán. Recordar al inicio o final de la clase que esa
conducta es indeseable. Si obstaculiza mucho el desarrollo de la clase se
puede usar la técnica del “Time Out” (tiempo fuera)
- Cuando ocurra
o se desencadene una conducta agresiva, hay que responder, pero no
reaccionar de forma desproporcionada. Es bueno aislarlo para que no
tenga público. Cuando se haya calmado, hablar con el alumno/a se debe
mantener contacto visual, evitar entrar en su juego o en argumentaciones,
el profesor es la figura de autoridad, eso no es discutible, no debes
tratar de quedar por encima, ni humillar, ni entrar en discusiones. Dejar
claro que buscamos, cuales son las normas y las consecuencias de incumplirlas.
- Evitar
situaciones que puedan generar o provocar la disrupción
sin pretenderlo. Esto será más fácil de hacer si tenemos un registro
previo como el que se plantea arriba.
- Ejercer de
modelo: Reconocer cómo nosotros también cometemos errores.
Pedir disculpas si es necesario. Ellos aprenderán el modelo que les
ofrecemos.
- No prestar
atención a faltas leves.
- Podemos
reducir las conductas disruptivas verbalizando expectativas positivas.
Marcar lo que esperamos de ellos ayuda mucho. Usar además el refuerzo
positivo
- Con los más
pequeños la economía de fichas resulta una técnica muy eficaz.
- Crea clases
dinámicas, donde haya muchos cambios de actividad, donde las
tareas y actividades estén graduadas al nivel de
dificultad. Ten un acercamiento al alumno conflictivo y utiliza el
humor. Esto generará un ambiente más distendido dentro del aula.
Recordar que lo más importante es
nuestro autocontrol, perder los nervios puede agravar el episodio. Estas
situaciones son muy complicadas de gestionar, por ello, la mejor fórmula y
solución es la práctica diaria, sumada a la reflexión profunda
sobre nuestra acción. Cuando nos enfrentemos a una de estas situaciones,
debemos intentar aprender de ellas, analizándolas, pensando en lo que funcionó
y analizando lo que no lo hizo.
Si a pesar de aunar pautas y formas de
actuación, las conductas disruptivas siguen siendo intensas y perduran en el
tiempo, es recomendable acudir a un experto que pueda pautarnos y trabajar
directamente con el alumno. Estas terapias se centran en entrenar a los padres,
profesores y alumno en habilidades de control del comportamiento
mediante estrategias de modificación de conducta.